Perspectiva integral en la salud de la mujer

El gran incremento del conocimiento y los avances tecnológi­cos son de tal magnitud que exigen al médico especializarse cada día más, concentrándose en áreas más y más específicas del orga­nismo. De esta manera, se pierde la perspectiva integral del paciente, limitándose al de los órganos y sus funciones, luego al de las células, para finalmente llegar al estudio molecular.

Esto conlleva el olvido del organismo humano como un conjunto de órganos y sistemas integrados  que funcionan como una sola gran célula,  como ha señalado Alexis Carrel,  premio Nobel de Medicina.

El inconveniente está en que la pérdida de una evaluación global del enfermo, puede causar dificultades de diagnóstico y solicitud innecesaria de exámenes de laboratorio, generalmente negativos, lo que concluye en una terapéutica limitada a un enfoque farmacológico sintomático o paliativo, quedando sin investigarse el origen de muchas enfermedades crónicas, que continúan siendo consideradas "de origen desconocido".

Esto se ha visto muy bien representado en el tema que nos ocupa, Síndrome Lolas, histrotoxemia cíclica y en una de sus afectaciones más comunes, el Síndrome Premenstrual (SPM), patología que afecta en forma significativa  a más de un tercio de la población femenina, alterando seriamente su calidad de vida y salud. El problema está en que al no efectuarse un estudio y evaluación integral de las pacientes, no se diagnostica el SPM, lo que lleva a pensar que sufren de varias y diferentes enfermedades, ocasionando el conocido peregrinaje por diversas especialidades médicas, sin lograrse solución eficaz.

Los síntomas psicológicos del SPM, tales como la depresión e irritabilidad, constituyen una causa frecuente de consulta en psiquiatría, enfocándose la terapéutica como si se tratara de "enfermedad depresiva", "neurosis" o "histeria". Así, el trata­miento se limita a un enfoque psico-farmacológico sintomático con medicamentos antidepresivos o ansiolíticos durante meses o años. Si bien pueden aliviar parcial y temporalmente algunos síntomas del SPM, se pierde un tiempo valioso para llegar oportunamente a un tratamiento de la enfermedad ginecológica de base, que tiende a agravarse con el tiempo.

Asimismo, la cefalea o jaqueca premenstrual constituye otra consulta común, siendo motivo de solicitud de exámenes de alto costo (scanner, electroencefalograma. etc.), cuyos resultados al ser negativos, inducen a pensar que se trataría de una "cefalea tensional o vascular", efectuándose por consiguiente también una terapia sintomática, con analgésicos o tranquilizantes.

La distensión abdominal y otras molestias digestivas producidas por el SPM, suelen ser motivo de consulta gastroente­rológica, complementada con estudio parasitológico, radiológico y endoscópico del aparato digestivo los cuales, al ser normales, inducen a que se atribuyan estos malestares al "colon irritable", efectuándose también un tratamiento sintomático.

El edema premenstrual (retención hidrosalina), es causa frecuente de consulta nefrológica, con solicitud de exámenes radiológicos o de laboratorio que no determinan sus causas, siendo calificado, cuando es severo, como "edema idiopático" (de causa desconocida).

Las molestias mamarias premenstruales, son encasilladas como "mastodinia o mastopatía fibroquística" (displasia mamaria), solicitándose estudios hormonales que generalmente no demuestran alteraciones.

La infertilidad, presente en un porcentaje signifi­cativo de estas pacientes, se etiqueta como  "infertilidad sin causa aparente" ante la aparente negatividad de los exámenes de especialidad, ya que suele no tomarse en cuenta o subdiagnos­ticarse la patología uterina inflamatoria crónica existente.

Las disfunciones sexuales, frigidez o ninfo­manía, provocadas por el SPM, constituyen frecuente motivo de consulta médica o psicológica por los serios problemas que oca­sionan en la relación de pareja.

Así ocurre sucesivamente con cada uno de los síntomas (que son más de 100), originando un peregrinaje de una a otra especialidad, solicitud de numerosos exámenes con gran pérdida de tiempo y gastos innecesarios. 

Son millares las mujeres que sufren del Síndrome Lolas que frente a la falta de una evaluación integral y exámenes de laboratorio infor­mados como "normales", terminan por ser calificadas como hipocon­dríacas, neuróticas, depresivas o histéricas y derivadas final­mente a psiquiatría.

El problema medular está en la desinformación, sus numerosos síntomas  y su frecuente relación con la presencia de una enfermedad inflamatoria crónica a nivel uterino, que generalmente no se diagnostica, causante de una liberación anormal de mediadores inflamatorios.

Estudios efectuados por investigadores japoneses y otros autores han confirmado una gran elevación plasmática de sustancias inflamatorias (prostaglandinas y tromboxanos), en mujeres que sufren del SPM y patologías asociadas, tales como endometriosis, mastopatía fibroquística, enfermedad inflamatoria pelviana. En ellas, se agrega otra valiosa señal de alarma que se refiere a la "reacción inflamatoria inespecífica", informada reiteradamente en los exámenes de Papanicolaou (citologías) y que también suele ser subestimada.

Desde esta perspectiva, el útero crónicamente inflamado tiende a sufrir, con el transcurso del tiempo, un deterioro progresivo, fibrosis y engrosamiento (adenomiosis),  pudiendo llegarse finalmente a complicaciones y hemorragias, seguidos de extirpación quirúrgica (histerectomía).    Esta frecuente cirugía involucra en la actualidad a más de un 37%  de las mujeres que han alcanzado los 60 años, según estudios norteamericanos, producto de la falta de una adecuada política de salud preventiva en esta materia.

La aplicación de un programa de  medicina preventiva y un adecuado criterio interdisciplinario, permitiría  resolver en forma global y racional este problema de salud pública, previ­niendo a la vez sus insospechadas complicaciones.

Una evaluación completa de las diversas manifestaciones de la histerotoxemia (Síndrome Lolas) y su relación con el ciclo menstrual, junto con un examen físico general y ginecológico acuciosos, establecerían su diagnóstico y la patología ginecológica que lo origina. Su trata­miento OPORTUNO terminaría con este peregrinaje, permitiendo llegar a una solución real de este complejo cuadro clínico multi­sintomático.

Un famoso refrán ha señalado: "más errores de diagnóstico se cometen por no escuchar y examinar minuciosamente, que por falta de conocimientos". Una acuciosa historia clínica y un completo examen físico continúan siendo la base de una buena medicina. Los exámenes de laboratorio son un complemento, que sólo en algunos casos son claves. Los atributos del buen clínico, continúan siendo lo medular frente al enfermo, con un enfoque interdisci­plinario más integracionista y terapéuticamente más prometedor.

Ello confirma la vigencia de los conceptos del Profesor Carlos Charlín, expresados hace más de medio siglo en su libro "La crisis espiritual de la medicina", alertando sobre defectos y erradas orientaciones de una medicina deshumanizada, en que el laboratorio ha ido desplazando cada vez más a la clínica y el estudio integral del enfermo.   Esta obra, escrita con el sano propósito de enmendar rumbos, ha señalado con gran sabiduría que la Clínica no puede ser relegada a un segundo plano, a pesar de los progresos tecnológicos. La Clínica tiene la primera y última palabra y el Laboratorio debe ser su asociado y colaborador. 

(Fragmentos del libro "Síndrome Premenstrual desde una nueva perspectiva" del Dr. Jorge Lolas)

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